literatura

Gerald Brenan, el escritor e hispanista inglés es digno de ser mencionado por su enorme interés en lo que a la historia de España se refiere y más concretamente por Andalucía, donde pasó gran parte de su vida.
La larga estancia del escritor inglés en tierras andaluzas comienza en tiempos de postguerra, tras la I Guerra, cuando el joven se establece en 1920 en Yegen (Alpujarra granadina).
Brenan participa en la Primera Guerra Mundial y una vez finalizada toma la decisión de autoeducarse, por lo que viaja a una España pobre en busca de un lugar tranquilo donde vivir, leer y comenzar a escribir, evadiéndose de la Inglaterra aún victoriana, de sus convenciones sociales y de su familia.
Pero su llegada al pequeño pueblo alpujarreño de Yegen también tiene una motivación económica. Con su pensión de teniente, es en un lugar como éste, en el único sitio en el que es posible mantenerse con sus ingresos.
Ante la extrema pobreza de los habitantes de Yegen, dicha posición económica incluso le otorgó los derechos y privilegios de los caciques de la época. Quizás fue éste el origen de la actitud del escritor ante la joven y pobre Juliana Pelegrina.
Donde Brenan encontró el sosiego y la inspiración para su necesidad vital de leer y escribir, la inocente y bella niña de Yegen con su llegada firmó su condena y tristeza que le acompañaría hasta la tumba. Ciega en Granada murió buscando a la única hija que tuvo con el escritor inglés.
El comienzo del calvario fue el momento en que la joven entró a trabajar en la casa de Don Geraldo. Sólo contaba con quince años, aún era una niña inocente criada en un pequeño y pobre pueblo que daba la espalda al progreso con el costumbrismo, miseria y el machismo de los pueblerinos de la época.
Juliana en estado de buena esperanza y sola fue abandonada cuando el que creía que era el amor de su vida y el padre de sus hijos la abandonó como el pájaro que abandona a sus mochuelos en el nido. Brenan huyó y se evadió en su país, mientras la joven embarazada esperaba cada día impaciente la llegada de su amado.
Pasaron años para la llegada de ese día tan esperado por la joven, en el que volvería a ver al padre de su hija. Pero este anhelo del pasado se convirtió en la condena del futuro que le marcaría para toda la vida, al ver a éste casado con otra y con el objetivo de llevarse a su hija.
Isabel, la hermana de Juliana, sentía el placer y la obligación de hablar de la historia de su hermana desde un punto de vista diferente al que hasta ahora había declarado el propio escritor a su favor, como decía ella desde la postura de los pobres.
Isabel declaró que su hermana tuvo su niño y dijo de dársela a Don Geraldo porque éste se la pidió y ella se la dio con todo su dolor cuando Brenan vino al pueblo casado con una refinada mujer. Juliana dijo: “para que sea una desgraciá como yo, que se la lleve su padre y tendrá mejor suerte”.
Según la hermana de ésta a la niña le pusieron Elena y luego Don Geraldo le puso Miranda. Luego se enteró que la niña se crío bien y se casó con un médico importante. Pero ella no la ha vuelto a ver desde que se la llevaron cuando tenía tres años. También hizo referencia a la ceguera y al remordimiento de su hermana tras dársela, pues era su hija, a pesar de tener más hijos era la única niña. Juliana murío con la pena de no haber hablado más con ella, pues una vez la vio en Granada y no pudo ni decirle que era su madre.
Poco antes de morirse los hijos quisieron llevarla a ver a su hija, pero ella no quiso ya que con su ceguera no podría verla, que era lo que tanto deseaba.
Entre 1920 y 1935 su vida transcurre en estancias prolongadas en el pueblo alpujarreño de Yegen, lugar que le conducirá a dedicarse a los temas españoles. En una de sus estancias en Inglaterra conoce a Gamel Woolsey, la que sería su mujer y regresa a Yegen en compañía de ésta. Una vez resuelto el tema de adopción de su hija se instalan en Churriana, en tiempos de la Guerra Civil. En septiembre son repatriados a su tierra natal, donde Brenan trabaja como ya había hecho en Churriana como corresponsal de guerra para diarios británicos. Es a partir de entonces cuando comienza sus indagaciones sobre las causas de la guera fraticida que darán lugar a la obra “El laberinto español” (1943). A finales de los años cuarenta del siglo XX planea su vuelta a la casa de Churriana, pero antes realiza un viaje por la España de posguerra para su posterior publicación del libro “The face of Spain”.
En 1984, Gerarld es trasladado a una residencia de ancianos cercana a Londres, pero después la generosidad de los andaluces que le rodeaban hace que se le traiga de vuelta a su casa de Alhaurín, donde vivirá hasta su muerte en 1987.
Cabe destacar como últimos actos sociales del escritor: la creación de la Fundación Gerald Brenan, así como la donación de su cuerpo a la ciencia, que permaneció en la Facultad de Medicina de Málaga hasta que el 20 de enero de 2001, fue incinerado y enterrado junto al de su esposa en el Cementerio de los Ingleses de Málaga.
Esta es una de las obras más destacadas del escritor, en el que narra sus vivencias en el pobre, retrasado, pequeño y austero pueblo de Yegen, donde encuentra la tranquilidad e inspiración para leer y escribir y donde conoce a la madre de su única hija. La película del mismo nombre dirigida por Fernando Colomo narra la historia desde el punto de vista del escritor inglés y no desde el de Juliana, la víctima que ha callado durante tanto tiempo.